Los dueños
Mario D. Foffano
En una Buenos Aires atravesada por tensiones sociales y presagios de ruptura, Los dueños construye una trama donde lo íntimo y lo político se entrelazan con una precisión inquietante.
Federico González Aldao encarna la lógica de una clase que se piensa a sí misma como garante del orden: un mundo regido por jerarquías inmutables, donde el poder no se discute, se ejerce. Frente a él, Renzo Parisi —obrero, inmigrante, lector— articula una conciencia que busca abrirse paso entre la miseria y la violencia. En ese cruce, Dasha emerge como una figura desgarradora: un cuerpo capturado, una identidad suspendida, un deseo apenas entrevisto.
La novela avanza hacia una zona de creciente oscuridad donde el lenguaje del poder se vuelve indistinguible de la violencia que lo sostiene. Sin estridencias, pero con una contundencia progresiva, Los dueños interroga las condiciones que hacen posible la dominación, no solo quién posee, sino qué significa ser poseído.
En ese desplazamiento, la obra revela su núcleo más perturbador: la certeza de que toda forma de orden contiene, en su interior, la semilla de su propia brutalidad.